martes, 30 de noviembre de 2010

Subir montañas


Escoge la montaña que deseas subir, no te dejes llevar por los comentarios de los demás. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo y, por tanto, eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido.

Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. Tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas.

Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto purifique tu mente, limpie el polvo de tu corazón. Lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste!.

Haz una promesa: aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia!. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.


De Paulo Coelho, del "Manual para subir montañas"