lunes, 22 de agosto de 2011

NIYAMA, el 2º de los ocho brazos del yoga

En esta entrada continuamos explicando el segundo de los ocho brazos del yoga, que es:

NIYAMA

La palabra niyama se traduce comúnmente como la autodisciplina. Se basa en la relación con uno mismo. La actitud hacia mi mismo, es pues la disciplina individual, la conducta personal.
La práctica de niyama nos ayuda a mantener un ambiente positivo en el cual crecer, y nos da la auto-disciplina y la fuerza interior que son necesarios para avanzar en el camino del yoga.
Las cinco prácticas internas de los niyamas son las siguientes:
1. Limpieza, purificación. SHAUCA.
2. Contentamiento, satisfacción. SHANTOSHA.
3. Disciplina, ascetismo. TAPAS.
4. Estudio de uno mismo. SVADHYAYA.
5. Devoción, entrega. ISVARA PRANIDHANA.
1. Shauca (purificación):
Es la limpieza, la pureza, el cuidado del propio cuerpo y de lo que le rodea. Nuestro entorno refleja e influye en nuestro interior. Hay que acentuar la limpieza y el orden en todo lo que nos rodea. Cuanto más consideremos nuestro entorno como un templo, más nos acercaremos a lo Divino.
Es un objetivo central de muchas técnicas de yoga, y es el primer principio de los cinco Niyamas de Patanjali.
Los yoguis descubrieron que las impurezas, tanto en nuestro entorno (externo) como en nuestro cuerpo (interno) afectan negativamente a nuestro estado de ánimo, e impedir el logro de la verdadera sabiduría y la liberación espiritual.
La práctica de asanas, pranayamas y de meditación, limpiar y purificar el cuerpo y la mente, así como fortalecer su capacidad para mantener un estado puro del ser.
Lo más importante es la higiene mental, que se mantiene cultivando pensamientos nobles y altruistas, haciendo servicio social y ayudando a los que nos rodean con lo mejor de nuestras capacidades. El sentimiento que más contamina nuestra mente y nuestro corazón es el egoísmo.
2. Shantosha (satisfacción):
Es el contentamiento, la voluntad de aceptar lo que hay, lo cual conduce hacia la gratitud. La gratitud y la satisfacción conectan con el sentido de Shantosha.
Dicen que hay tres errores básicos en la vida: querer ser más de lo que somos, querer ser menos y no querer ser. Y en verdad estos tres errores los aplicamos habitualmente a nuestras circunstancias. No aceptamos las circunstancias porque nos parecen demasiado, o demasiado poco. Estamos atrapados en el apego, la aversión o la indiferencia.

Para vivir en Shantosha debemos de trabajar en nuestros apegos. Es dejar de estar atados a las cosas y a las situaciones frívolas y mundanas. Es alegrarnos por descubrir nuestros valores internos, no es deseo de aquello que no tenemos, así como no es codiciar los bienes de los demás. Los yoguis nos dicen que cuando estamos perfectamente contentos con todo lo que la vida nos da, entonces se logra la verdadera alegría y la felicidad.
La alegría es un estado natural del hombre. Se manifiesta mediante una sonrisa que ilumina el rostro. Es un estado de plenitud que todos tenemos y que necesitamos dejar emerger.
Es fácil que la mente se deje engañar pensando que podemos alcanzar la felicidad duradera a través de la posesión de objetos y mercancías, pero la felicidad obtenida a través de materialismo es sólo temporal. La práctica de la alegría nos libera del sufrimiento innecesario de siempre querer que las circunstancias sean diferentes, y en su lugar nos llena de gratitud y alegría por todas las bendiciones de la vida.
Para lograr esto hay que recordar en todo momento que somos seres espirituales con una meta de vida trascendente; la realidad material cambia permanentemente, pero nuestra mente debe permanecer fija y estable, observando siempre la meta espiritual, como un faro en medio de una tormenta.
3. Tapas (ascetismo):
Es la austeridad que nos conduce a la armonía. En el yoga todas nuestras acciones son equilibradas. Equilibro es sinónimo de austero. Un cuerpo con brazos voluminosos y piernas débiles no es un cuerpo equilibrado. La yoguini o el yogui desarrollan un cuerpo sano por medio de la práctica de ásanas de todo tipo. No enfocan su trabajo corporal al desarrollo de músculos voluminosos. A través de la resistencia moderada, la paciencia y la constancia el practicante puede hacer cosas que nunca se imaginó poder hacer.
En el yoga existe la Ley del mínimo esfuerzo que dice: Involucra en cada acción de tu vida todo tu pensamiento, todo tu cuerpo, toda tu voluntad. El esfuerzo de cada parte de tu ser es mínimo si involucras a todos y cada uno de tus músculos, huesos y neuronas en cada acción que realizas.
El secreto para ejecutar las ásanas más complejas del yoga, consiste en usar todo el cuerpo y toda tu mente en su ejecución. Es el mínimo esfuerzo con la máxima eficiencia. Es la capacidad de simplificar las cosas. Es saber cuando y donde actuar y la manera adecuada de hacerlo para conseguir el éxito. Ahora sabes una de las razones de porque en el yoga se hacen ásanas que parecen muy complicadas.
En Tapas conseguimos una mente lúcida y obtenemos un cuerpo hábil, purificado y sensible. Desarrollamos emociones profundas, donde la mente y el cuerpo se enriquecen. Cuando Tapas forma parte de tu personalidad y de tu vida actuarás en cada momento con ese equilibrio que te permite ser más eficiente y hacer las cosas más complejas con el mínimo esfuerzo.
Es la disciplina en las propias acciones, aspiraciones, desarrollando un fuerte sentido de plenitud.

4. Svadhyaya (auto-estudio):
Es la capacidad de ver nuestra verdadera naturaleza divina a través de la contemplación de la vida, de las lecciones de la misma y a través de la meditación. La vida nos presenta un sin fin de oportunidades de aprender acerca de nosotros mismos, nuestros defectos y debilidades, nos dan la oportunidad de crecer y de aprender de nuestros errores.
Examinar nuestras acciones se convierte en un espejo para ver nuestros motivos conscientes e inconscientes, nuestros pensamientos y deseos con mayor claridad. La práctica del yoga de Svadhyaya también implica el estudio de textos sagrados y espirituales como guía para nuestro mundo interior, donde reside nuestro verdadero yo. El estudio de uno mismo requiere ver lo que somos en el momento y ver más allá de nuestro estado actual, observando nuestra conexión con lo divino.
Es el esfuerzo por comprender profundamente los temas relacionados con nuestro desarrollo espiritual, acostumbrando a la mente a reflexionar sobre este aspecto fundamental de nuestra vida. Esto se hace generalmente mediante la lectura y compensa los efectos negativos que produce la atención permanente sobre asuntos materiales, a la que dedicamos gran parte de nuestra vida.
Tomar tiempo al final de cada día para reflexionar y aprender de nuestras acciones. Leer obras inspiradoras que pueda asimilar nuestra propia conciencia.

5. Isvara Pranidhana (devoción):
Tapas, Svadhyaya e Isvara Pranidhana forman un trío dentro de este todo ético que son los yamas y los niyamas en la estructuración que hizo del Yoga Patanjali alrededor del siglo II de nuestra era. En realidad no basta con mover la energía a través de una disciplina intensa y de darle un sentido profundo desde la auto indagación, es necesario que todo el proceso tenga corazón. Es evidente que el corazón es un símbolo de centralidad pues es la bomba que impulsa todo el sistema. Pero hay un corazón más allá del órgano físico donde parece que descansa el alma. Algo tiene que despertarse en el corazón si nuestra práctica y estudio se han realizado con constancia. Hemos fortalecido nuestra voluntad con tapas y hemos despertado nuestra inteligencia con svadhyaya, pero hace falta algo más. Ese algo es una forma de compasión o benevolencia como gesto esencial en la existencia.
Es la dedicación, devoción y entrega de los frutos de la práctica a un poder superior. Este Niyama fusiona en su interior dos aspectos comunes de yoga: la devoción a algo más grande que el yo y la acción desinteresada de karma yoga. Patanjali nos dice que para alcanzar la meta del yoga debemos disolver nuestra naturaleza egocéntrica y dejar de lado nuestra identificación constante con nosotros mismos.
Es tomar conciencia de la presencia divina en cada momento. No es la acción lo que cuenta, sino la intención que se esconde detrás. Hay que encontrar la forma de hacer que las acciones surjan del amor auténtico y ofrecerlas a lo Divino. Reconocerse parte de un orden mayor conduce a la liberación ante el apego y las ilusiones de éxito y fracaso.
Para ello, nuestra práctica de yoga y todos los beneficios que podemos recibir de ella deben ser considerados como una ofrenda a algo más grande que nosotros mismos. A través de este simple acto de dedicación se recuerda la conexión con nuestro poder superior, y nuestra práctica de yoga se vuelve sagrada y llena de gracia, con paz interior y amor abundante.
Resumiendo entonces comprendemos que la práctica de los Yamas y Niyamas es un viaje y un proceso. Es dar un paso, un Yama o Niyama a la vez y continuar con la compasión sin preocuparse por la perfección.
En principio, la disciplina debe ser de convicciones adquiridas a consecuencia de darnos cuenta de nuestros nocivos hábitos de vida actuales, pero sin sentimientos de culpabilidad ni fanatismo. Cuando nuestro organismo se equilibra, en forma natural, elegimos lo que es realmente mejor para nosotros. Por eso cuando se sugiere hacer una u otra cosa, son eso simples sugerencia, en el yoga la flexibilidad comienza con nosotros mismos, no se le exige a nadie obediencia a ciegas, sino todo lo contrario. Es siempre mejor que cada uno experimente consigo mismo y que tome sus decisiones según los resultados de sus propias experiencias.
Patanjali también decía que la entrega forma parte de la autodisciplina. Es decir. Es mejor renunciar desde el principio a la creencia de que podemos controlar totalmente el proceso de yoga: todos somos parte de los ritmos cósmicos, y es importante someternos a ellos con flexibilidad y buen talante.
Esperando que te inspirara, en el próximo post hablaremos del tercer brazo de los ocho caminos, pasos o brazos del yoga de Patanjali.



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