viernes, 22 de junio de 2012

Herramientas de meditación


Hoy compartimos un escrito de Swami Satyananda Saraswati contenido en su libro "Caminos para realizar el ser" sobre las herramientas de meditación, esperando que sea de ayuda en tu práctica de meditación.




“Si, te encuentras en un mercado muy concurrido, en un aeropuerto o en medio de las tribulaciones de la vida, y en ese momento eres capaz de mantener la tranquilidad y ecuanimidad que sientes durante la meditación, sólo entonces, habrás comprendido el verdadero significado de la vida y  te habrás transformado en el amo de tu destino…” 
Swami Satyananda Saraswati

HERRAMIENTAS DE LA MEDITACIÓN

Meditar no es de ninguna manera fácil. Son pocas las personas que pueden simplemente cerrar los ojos y alcanzar un estado de serenidad. A través de las asanas y de otras prácticas se puede desarrollar la habilidad de sentarse en completa quietud y silencio; pero lograr la liberación interior de pensamientos desarticulados y contradictorios, de deseos y fantasías, es extremadamente difícil. Es por eso que el yoga y otros sistemas de meditación utilizan recursos u objetos que ayudan al meditador a centrar su atención.

Muchos sistemas emplean un mantra o el movimiento de la respiración; otros usan yantras y mandalas, símbolos psíquicos o una ishta devata. En el budismo tibetano los meditadores utilizan un yidam, guardián espiritual de gran poder, similar a la ishta devata.

Estos recursos reciben el nombre de "herramientas de la meditación", y aunque varían de acuerdo con la tradición, la cultura o el sistema, todos sirven el mismo propósito y son, por lo tanto, equivalentes entre sí. Sin ellos no se logran grandes progresos en la meditación, porque facilitan la concentración sobre un objeto: nos permiten no involucrarnos en el juego de la mente y son el punto adonde regresa la atención. Los pensamientos y los sentimientos no deben ser eliminados. No deben luchar contra la mente ni permitirnos la constante preocupación por sus actividades. El meditador debe dejar que las ideas, las emociones y los pensamientos entren libremente en la mente, y luego de observarlos, debe volver suavemente la atención hacia el objeto de concentración.

El objeto de concentración se puede escoger de manera espontánea, según el ambiente que rodee al meditador. Una persona cerca de un riachuelo o una cascada puede concentrarse en el sonido producido por el movimiento del agua; un atardecer o un amanecer pueden ser el centro de atención. Prácticamente todas las actividades de la naturaleza pueden servir como instrumento de concentración y meditación.

Las mismas interrupciones de la meditación se pueden utilizar como objetos de concentración temporales. Por ejemplo, hay una práctica del budismo theravada que incluye la observación del movimiento del abdomen durante la respiración. El meditador reconoce estos movimientos y a la vez reconoce cualquier otra cosa que entre en su campo de conciencia, sean sensaciones, pensamientos o emociones.
Para hacerlo, debe nombrar tres veces la distracción; por ejemplo, si oye pasar un tren ruidoso repite "ruido, ruido, ruido"; o si su cuerpo comienza a escocer, dice " picazón, picazón, picazón. Luego regresa a la observación del movimiento del abdomen. Es así como en esta técnica no hay distracciones, porque las mismas distracciones se utilizan como objeto de meditación.

Las distracciones se pueden utilizar como objetos de concentración en la meditación, de la misma forma en que lo hace el yogui sabio del siguiente relato:

"Hubo una vez un rey muy apegado a sus riquezas, que sin embargo quería meditar porque estaba comenzando a tomar conciencia de la inutilidad de su fortuna. Un yogui le dijo como hacerlo.
El rey se sentó a meditar con sinceridad, pero siempre que intentaba fijar su mente en lo eterno, quedaba en blanco; luego, sin darse cuenta, su imaginación comenzaba a dar vueltas alrededor de su hermoso brazalete, al que estaba particularmente apegado. Ante su mirada absorta, el brazalete resplandecía con todos los colores del arco iris. Tan pronto como se encontraba inmerso en esta fantasía, luchaba por regresar a Dios, pero cuanto más trataba de fijar la mente en Dios, mayor era su frustración: en su mente, Dios invariablemente se convertía en brazalete.
Con mucha humildad, el rey volvió donde el yogui a preguntarle qué hacer, pues él sabía cómo convertir la debilidad en fuente de fortaleza. El yogui le dijo: "Como tu mente está tan apegada al brazalete, comienza con eso mismo: medita en el brazalete. Contempla su belleza y sus brillantes colores, y luego pregúntate sobre la fuente de esa belleza y esos colores. El brazalete es, en su esencia objetiva, una configuración de vibraciones de energía. Es la mente perceptiva la que le atribuye belleza y color. Por lo tanto, trata de comprender la naturaleza de la mente que creó el mundo tal como lo ves".

Meditar sobre un objeto específico supone estar concentrado en él e identificarse con él. La utilización de las herramientas de meditación nos permite trascender la dualidad, de tal forma que la distinción entre sujeto y objeto desaparece. Una persona que se concentre en Om se convierte en Om; si se concentra en un ser divino, se convierte en un ser divino. Una persona devota está unida a su Dios, y una persona que medite sobre la tradición de la iluminación, en la medida en que su meditación sea exitosa, se convierte en "el iluminado".

Cuando estamos totalmente concentrados, el objeto de concentración nos absorve; ¿o será acaso que nuestra receptividad es absoluta y el objeto entra en nosotros? Dejamos de ser una pantalla o una mente donde se refleja el objeto; dejamos de ser un "yo" que percibe, para convertirnos en la nada que se llena mediante la contemplación. Sólo existe el objeto, que se percibe a través de la empatía, como si proviniera desde dentro.

Existe otra herramienta de la meditación utilizada en las bromas y los cuentos sufíes, quienes narran una gran cantidad de historias atribuidas al sabio que aparentaba ser tonto, Nasruddin. Muchos de estos cuentos se han extendido por el mundo a título de bromas, y son pocas las personas que se detienen a pensar en ellos.

El propósito de estos relatos era servir de mecanismo para cuestionar los patrones habituales de pensamiento de los estudiantes. Por ejemplo:
Un hombre vió a Nasruddin buscando algo en el piso y le preguntó:"¿Qué estás buscando, Mulla?". "Mi llave", respondió el Mulla. El hombre se agachó también para ayudar a buscar la llave y después de un rato, preguntó de nuevo: "¿Exactamente dónde se cayó la llave?". "En mi casa". dijo Nasruddin. "¿Entonces por qué buscamos aquí?". "Porque aquí hay mas luz que dentro de mi propia casa".

Este tipo de cuentos no se usa en realidad en la práctica de meditación, pero el objetivo de narrarlos a los estudiantes es cambiar su modo de pensar. Lograr este cambio, los ayudará en la meditación. Lo mismo puede decirse del uso de koans en el budismo zen.

Los indios norteamericanos recurrieron a los cuentos de contemplación, pues consideraban que la naturaleza era su maestra y a través de ella lograban un entendimiento más profundo de los misterios de la vida. Utilizaban los cuentos sobre la naturaleza para transmitir sus enseñanzas a los niños y a los adultos. A primera vista, las historias parecen muy simples pero cada vez que se las escucha de nuevo, se adquiere más sabiduría. Algunas veces, entender la verdadera esencia de un cuento puede tomar toda una vida de contemplación.