miércoles, 24 de julio de 2013

Georges Ivanovich Gurdjieff y sus enseñanzas

En la entrada de hoy hablaremos de las enseñanzas sobre la conciencia de un maestro místico, filósofo, escrito y compositor, Georges Ivanovich Gurdjieff.

Pero comencemos por lo básico, ¿Quien fué Gurdjieff?



George o Georges Ivanovich Gurdjieff  nació a finales del siglo XIX en la Armenia rusa, en el barrio griego de Alexandropol,  aproximadamente en 1866. Aunque la fecha de su nacimiento es incierta ya que los biógrafos no se han puesto de acuerdo con este dato, hay quien plantea que nació el año 1866, pero también los que señalan otros años como 1872, 1873 y 1877.

Gurdjieff fue uno de los maestros espirituales más controvertidos de nuestro tiempo, con una personalidad misteriosa y carismática, el "Tigre de Turkestán" con un agudo sentido crítico, y una elevada cultura tradicional, acaparó la atención de muchos, guiándolos hacia una posible evolución espiritual y humanitaria. Dejó un poderoso legado orientado al despertar de las conciencias dormidas. Esta tradición, compleja y rigurosa, tiene seguidores y detractores en todo el mundo.

Su pensamiento y sus métodos sin duda revolucionaron las creencias de Occidente acerca de las reales posibilidades evolutivas del ser humano. Buscó en las fuentes ancestrales las respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano. Sus planteamientos constituyen un revolucionario y coherente cuerpo de ideas interrelacionadas, que guían al auténtico buscador por el camino de la evolución consciente. Su principal obra fue dar a conocer y transmitir las enseñanzas del “Cuarto Camino” en el mundo occidental, del cual hablaremos un poco más adelante.

Muchos lo califican de charlatán porque no entienden algunos de sus procedimientos para acceder a la conciencia de sí. Otros lo ven como un avatar espiritual en un mundo entregado al estado hipnótico.

Lo cierto es que la vida de Gurdjieff es extraña y apasionante. Su figura se perfila hasta hoy como mística y polémica porque es muy difícil disponer de registros históricos verificables, sobre todo en lo que se refiere a la primera parte de su vida. Prácticamente, sólo contamos con lo que él quiso decirnos en su obra "Encuentros con Hombres Notables". Obsesionado por despertar de la mecanicidad de las personas, se conducía, a veces, de manera chocante e inadmisible para los cánones sociales. Pero quienes veían mas allá de su disfraz, descubrían a un hombre auténtico, capaz de generar transcendentales cambios en quienes lo rodeaban.

Gurdjieff legó al mundo la riqueza de su obra construida por una serie de 5 libros, un ballet, 300 piezas para el piano y alrededor de 100 danzas sagradas o "movimientos" y símbolos como por ejemplo el del Eneagrama (o figura de nueve lados), que es uno de los símbolos que Gurdjieff rescató de las enseñanzas orientales milenarias, en este modelo dinámico, se sintetiza, a niveles macro y microcósmicos, sus Leyes de Tres y de Siete.

Eneagrama

En las Danzas Sagradas, manifestó en movimientos la evolución de este símbolo universal, del cual profundizaremos en este blog en otra entrada. Este símbolo ha servido de base a nuevos sistemas educativos y terapéuticos como el de Claudio Naranjo en la actualidad (que tal como él lo relata tomó de las enseñanzas de Gurdjieff). Y lo más importante de su legado, es un sólido cuerpo de ideas interrelacionadas acerca de la existencia y evolución consciente del hombre y el universo.

Danzas Sagradas

Gurdjieff fue el factor decisivo y vivificante de innumerables vidas, dan testimonio de ello sus discípulos que continuaron con su obra y el movimiento del Cuarto Camino para el desarrollo armónico del hombre. Entre los discípulos más destacados de Gurdjieff encontramos a P. Ouspensky, Maurice Nicoll, Roadney Collin, Thomas Hartmann y Olga de Hartmann, J.G.Bennett, Jeanne de Salzmann, entre otros. 


Foto P. Ouspensky

Gurdjieff enseño en Europa y Estados Unidos, aunque los alcances de su influencia se extienden a todos los continentes. A través del sistema del Cuarto Camino puede decirse que ha ampliado la psicología como el estudio del alma con el más amplio concepto de desarrollo del potencial humano. La continuidad de la aventura humana parece depender cada día más de este DESPERTAR que propugnaba Gurdjieff.

En 1949, su salud decae y, tras realizar la coreografía de su ultimo "movimiento" (el N° 39), se desploma y es conducido al Hospital Americano de Neuilly. Rodeado de discípulos, falleció en la mañana del 29 de octubre y fue sepultado en Fontainebleau, Avon, junto a su madre y su esposa.

Ahora  hablemos un poco sobre sus enseñanzas sobre la conciencia.

El sistema de Gurdjieff es un cuerpo coherente de ideas y métodos interrelacionados en el que el principal tema es el estudio de las condiciones del ser, tomado desde el punto de vista de la posibilidad de la unidad interna y la evolución consciente.

No es fácil, en pocas palabras, abordar una tradición tan compleja y rigurosa. Sólo podemos limitarnos a recordar algunos de los principales "temas gurdjieffianos", con la esperanza de abrir una modesta brecha que permite entrar un rayo de luz en las conciencias dormidas. Esta no es más que una invitación a indagar más a fondo.



George Ivanovich Gurdjieff, difundió una nueva forma de alcanzar la trascendencia, el Cuarto camino o “camino místico-práctico”, influenciando directa o indirectamente a gran cantidad de místicos de la modernidad, especialmente a Castaneda, cuya enseñanza es profundamente místico-práctica, pero también a otros como Osho, y por otro lado a autores New Age como Bob Frissel, que copia casi literalmente su metáfora del libro de Gurdjieff “Relatos de Belcebú a su nieto”. Dada la amplitud y variado de sus enseñanzas sobre el mundo real, que abarcan sencillamente “todo”, empezaremos por la evolución interna del ser humano: la comprensión de lo que somos y la manera de extraer de nosotros nuestro potencial.

El punto de partida de Gurdjieff a la hora de afrontar la búsqueda de la verdad es el mismo que el de todas las tradiciones místicas y todas las religiones no organizadas/corruptas: “la evolución del hombre no puede abordarse a través de las influencias de masas, sino que es el resultado del crecimiento interior individual”. La búsqueda de la verdad, sea por el camino que sea, exige inevitablemente regresar a uno mismo y empezar a solucionar el problema de lo que uno mismo es y cuál es su lugar en el mundo que lo rodea. Sin este conocimiento, nadie tiene un punto de enfoque en su búsqueda.

Gurdjieff señala tres caminos tradicionales para alcanzar la totalidad de uno mismo:

1. El camino del fakir logra la iluminación a través del dominio de las sensaciones por varios medios de ascetismo, como acostarse sobre una cama de clavos, pararse sobre las puntas de los dedos de los pies por meses, etc. Requiere unos cincuenta años de práctica.
2. El camino del monje implica sufrimiento emocional y, aunque no requiere tanto tiempo como el camino del fakir, aun demanda cerca de 25 años.
3. El camino del yogui se abre a la iluminación en más o menos 10 años a través del dominio de posturas o movimientos así como meditaciones destinados a aumentar la interrelación cuerpo-mente-alma.

Ahora bien, el Cuarto Camino o camino "místico-práctico" que nos plantea, Gurdjieff usa las partes necesarias de las otras tres vías. En lugar de alcanzar el dominio completo de alguna función, usa el mínimo dominio de cada "centro": el instintivo, el de movimiento y el emocional. El cuarto camino o "trabajo" al contrario de los otros tres que demandan aislamiento, debe llevarse a cabo en medio de la vida ordinaria y, ejecutado adecuadamente puede ser alcanzado en dos años.

Cada uno de estos cuatro caminos tiene sus propias dificultades, pero la peculiaridad del Cuarto es que el ser humano debe trabajar desde las circunstancias variables de la vida. El discípulo no tiene aquí posibilidades de esconderse en una montaña a meditar. Debe lidiar con las cambiantes condiciones externas, manteniendo el sentido y el sentimiento de trabajo y practicando la no identificación en medio de los sucesos y desdichas cotidianos.

La evolución personal, se tome el camino que se tome, se va a producir inevitablemente haciendo desaparecer lo falso de uno mismo, muriendo ante uno mismo y renaciendo como alguien nuevo. En ese sentido, todos los caminos son el mismo, pero se pueden enfocar de distintas formas. El caso es que el hombre al nacer es una oruga que tiene potencial para convertirse en mariposa, pero por desgracia suele estancar su crecimiento y muere sin haber llegado a volar.


Bien, ¿Por donde empezamos?, ¿Qué es lo que somos como punto de partida? Gurdjieff dirá que somos una máquina, que reaccionamos al mundo externo y nos dejamos absorber por él conforme a antiguos patrones que nos esclavizan. Pero esto no es necesariamente así. En sus palabras: 

“El hombre es el ser que puede “hacer”. “Hacer” significa actuar conscientemente y de acuerdo con la propia voluntad. Sin ninguna exageración podemos decir que todas las diferencias que nos impresionan entre los hombres pueden reducirse a las diferencias en la conciencia de sus acciones. Sin embargo, entre los hombres ordinarios, así como entre aquellos que son considerados extraordinarios, no hay ninguno que pueda “hacer”, porque para ello se necesita un grado muy elevado de ser y de conocimiento, de los que carece el hombre que duerme. En su caso todo está hecho en el sueño. Ante todo el hombre debe despertar. Habiendo despertado, verá que tal como es, no puede “hacer”. Tendrá que morir voluntariamente. Una vez muerto, puede nacer. Pero el ser que acaba de nacer, debe crecer y aprender. Cuando haya crecido y sepa, entonces podrá “hacer”. De momento, el hombre ni siquiera es capaz de la más mínima acción independiente o espontánea. La totalidad de él no es otra cosa que el resultado de influencias externas. El hombre es un proceso, una estación transmisora de fuerzas” 

Así, nuestra vida consiste en una interminable cadena de pensamiento por asociaciones casuales, el conocido diálogo interno, que se produce por nuestra incapacidad para manejar la atención. Pero no sólo nuestros pensamientos, sino también nuestros estados de ánimo están condicionados por lo que nos rodea: alguien nos halaga y nos alegramos, alguien nos insulta y nos cabreamos. Así, lo externo nos atrapa, nos hundimos en lo que nos rodea hasta que esto nos posee, nos amarra y nos quita nuestra fuerza, nuestro tiempo, dejándonos sin la posibilidad de ser objetivos y libres. Y la libertad es necesaria para el conocimiento del sí. La libertad es tanto una meta en sí misma (Castaneda), como una condición para el conocimiento de la verdad (Krishnamurti).



Nos dejamos influenciar por cosas exteriores, pero en sí mismas estas cosas son inofensivas: somos nosotros los que permitimos que nos lastimen. Debido a la importancia y seriedad que conlleva la búsqueda de este conocimiento interno, Gurdjieff indica que no puede intentarse descuidadamente, sino que exige tal esfuerzo que quien lo persigue debe darle preeminencia en su vida. El primer paso a tomar conforme a Gurdjieff (que en esto coincide con Krishnamurti), es la autoobservación. Pero antes de autoobservarse conviene que el hombre tome una decisión sobre cómo hacerlo; en palabras de Gurdjieff: 

Debe tomar la decisión de que será absolutamente sincero consigo mismo, que no cerrará sus ojos a nada, que no rehuirá ningún resultado, sin importar a dónde lo conduzca, que no temerá ninguna deducción, y que no se limitará por muros previamente erigidos. Se requiere mucho valor para aceptar sinceramente los resultados y conclusiones a que se llegue. Éstos desbaratan toda su línea de pensamiento, y lo privan de sus más agradables y queridas ilusiones. Ante todo ve su total impotencia y desamparo ante literalmente todo lo que le rodea. Es poseído por todo y gobernado por todo. Él no posee y tampoco gobierna nada. Las cosas lo atraen o repelen. Toda su vida no es más que un ciego dejarse llevar por estas atracciones y repulsiones. Además, si no teme a las conclusiones, puede ver cómo se forman lo que él llama su carácter, gustos y hábitos: en una palabra, cómo están construidas su personalidad e individualidad.”

Esa será la forma correcta de observarse, forma que por lo demás difiere profundamente del significado habitual psicológico, que adapta la mente humana a esquemas racionales preconcebidos, que no son sino “muros” previamente erigidos.

El primer principio de la enseñanza de Gurdjieff es que “nada debe ser tomado como dogma de fe”. El esquema de la construcción de la máquina humana que él nos proporciona debe servir simplemente como un plan para el trabajo sobre uno mismo, no como algo en lo que creer. Es en el trabajo donde debe estar el centro de gravedad. Bien, pues comencemos con dicho esquema: 

En primer lugar, y lo más importante de todo, es que el ser humano es un ser plural. No hay un “yo”, sino muchos “yoes” que se van intercalando a la hora de hablar, juzgar o actuar. Somos una especie de parlamento donde hay mayorías y minorías. Cada cierto tiempo, un grupo toma la palabra, y en ocasiones se producen pequeños golpes de estado y un grupo que antes no era oído se empieza a hacer oír, pero no dura mucho, porque enseguida lo reemplaza otro. Las mayorías y minorías van cambiando de peso. Algunas desparecen para siempre, otras viven con nosotros para siempre, pero lo importante es que en el plazo de unos minutos, somos muchos, no uno.


Cuando se empieza a "buscar", en la persona se ha formado un "centro magnético", es decir, un grupo de "yoes" que tienen un interés común más allá de los intereses de la vida ordinaria y que busca respuesta a las inquietudes y a las eternas preguntas de la humanidad.

Cuando estos “yoes” dominan, la persona busca despertar; cuando no, duerme plácidamente como los demás. Pero si se empieza a alimentar este centro magnético, tarde o temprano resulta posible contemplar aterrados cómo no sabemos lo que queremos, cómo no tenemos ningún deseo básico. Se trata del "abismo". Como dijo Nietzsche, “Tú miras al abismo, y el abismo te devuelve la mirada”. No es fácil de soportar. A cada momento, cada uno desea algo, pero no es un deseo propio, sino el de un “yo” pasajero. Tarde o temprano se sufre la vieja pregunta de "¿Quién es el que piensa?", porque se descubre que lo que creíamos ser nosotros no es sino "lo pensado", un ecosistema de personalidades que actúan contradictoriamente y de modo absurdo y que se van sustituyendo sin finalidad ni motivo, inevitablemente... indefinidamente...



La búsqueda del yo es la búsqueda de la unidad. Lo que está separado es irreal, como indica Krishnamurti. En consecuencia, se impone unificar los múltiples “yoes”. La técnica utilizada es la introducción de un “yo de trabajo”, que se despierta a través de una palabra o un gesto. Este “yo” es transitorio: está únicamente para acallar a los demás y permitirnos la observación objetiva, ese es su fin. El trabajo consiste en fortalecer los “yoes de trabajo” hasta el punto que se los puede utilizar en cualquier circunstancia para salirnos del pensamiento asociativo, del diálogo interno, y experimentar la “esencia”, que es lo que subyace al diálogo, o personalidad, aquello que éramos cuando éramos niños. Es una lucha desesperada de uno contra miles. Pero en el fragor del combate, ese uno va fortaleciéndose hasta que es capaz de rechazar solo a todos los grupos parlamentarios que antes se intercalaban sin cesar.



De esta forma se entra al tercer estado de conciencia, la “conciencia del sí”, o “recuerdo de sí”. Hay muchos estados de conciencia, pero al principio del trabajo nos interesan tres:

  • El sueño.
  • El estado despierto, que no es sino otro tipo de sueño.
  • La conciencia del sí.

Es ser consciente no solo de lo que se hace, sino de uno mismo haciéndolo. Lo tenemos en general por destellos momentáneos, y es más sencillo de conseguir cuando se está pasivo, meditando por ejemplo, pero lo útil es conseguirlo en todo momento: hay que darse cuenta completa y constantemente del “yo” y de lo que está haciendo. Para esto sirven los “yoes de trabajo”. Así advertimos nuestra mecanicidad y nuestra esclavitud. Advertimos la nulidad que somos, una hoja en la corriente.



Ver este comportamiento mecánico en nosotros y en quienes nos rodean nos convierte en cínicos. Pero es solo el principio. Aquí es donde se produce la bifurcación de caminos de la que hablan todas las tradiciones místicas. Es donde se hace necesario elegir si se va a ser completamente mecánico o completamente consciente. La observación de sí es un proceso complicado. Gurdjieff recomienda dedicarle varios años hasta que se pueda comenzar con otra cosa. Lo primero que es necesario comprender es que somos incapaces de observarnos a nosotros mismos, porque esa es una función del “amo”. Esto nos lleva a la metáfora del ser humano como un carruaje. Para Gurdjieff, el ser humano es como un carruaje:

  • Hay un centro físico (el carruaje en sí),
  • un centro emocional (el caballo que tira de él),
  • un centro intelectual (el cochero) y
  • un amo (el pasajero).


Al principio del camino no hay amo (se turnan los múltiples “yoes”) y el cochero no sabe qué hacer. Esto hace que el carruaje vaya a la deriva, por caminos pedregosos que terminan deteriorándolo. Más tarde, el cochero (centro intelectual) adquiere conocimientos esotéricos y se empieza a formar una idea de qué es lo que hay que hacer (hay un "centro magnético"), pero es incapaz de comunicárselo al caballo (centro emocional) porque no conoce su lenguaje. Es necesaria una integración de los centros del ser humano. Cada uno debe ejercer las funciones que le son propias, pero ocurre que no es así normalmente. Por ejemplo, utilizamos el emocional cuando deberíamos usar el intelectual y viceversa.

Tenemos unos centros más desarrollados que otros y esto crea descompensación y también que los deseos de una parte no puedan ser satisfechos, porque el organismo no le dedica suficiente energía. Comprender la máquina humana implica comprender todo esto, pero evidentemente no basta con la comprensión intelectual, se requiere que cada centro lo entienda. Evidentemente, nada de esto puede suceder si actuamos como siempre hemos actuado y pensamos como siempre hemos pensado. La máquina dejada al libre albedrío reproducirá eternamente su propio mecanismo sin cambiar ni un ápice. El carruaje transitará siempre por la Avenida Principal hasta que enmohezca, por mucho que el cochero en sus sueños esté viajando por el cosmos. Por eso es necesario cambiar los hábitos en la línea de lo que Castaneda llama “no haceres”. Gurdjieff dice que “sin lucha no hay progreso ni resultado. Toda ruptura de hábito produce un cambio en la máquina”. 

Así que cambiar los hábitos es esencial, es necesario transitar por distintas calles, pero con cuidado de que nuestro carruaje no se estropee por el cambio. Para ello es necesario proceder a un uso eficiente de la energía que nos permita encontrarnos fuertes y preparados para el cambio. El objetivo del "centro magnético" de yoes interesados en la búsqueda es conseguir formar lo que se llama el "mayordomo interino", que se forma por medio del estudio consciente de las energías y funciones que usamos. Este estudio nos lleva a utilizarlas mejor y a equilibrar el uso de los centros en nuestra vida. A partir de ahí, no puede avanzarse sin maestro. Gurdjieff se pronuncia sobre ello (es su discrepancia esencial con el método de Krishnamurti, que niega los maestros):

“Al hombre que está buscando con todo su ser, con todo el interior de sí mismo, le llega la indefectible convicción de que el descubrir cómo saber a fin de hacer, sólo le es posible encontrando un guía con experiencia y conocimiento, que lo tome bajo su custodia convirtiéndose en su maestro. Y aquí es donde el olfato de un hombre es más importante que en cualquier otra parte. Escoge un guía para sí mismo.

La teoría del esoterismo es que la humanidad consiste de dos círculos: uno grande, exterior, abarcando a todos los seres humanos, y un círculo pequeño en el centro de personas instruidas y con comprensión. La instrucción verdadera, la única que puede cambiarnos, sólo puede venir de este centro, y la meta de esta enseñanza es ayudarnos a prepararnos para recibir tal instrucción.

El desarrollo de sí es imposible sin una fuerza adicional desde afuera y también desde adentro.”

Es importante recordar que el primer objetivo no es mejorar a partir de lo que ya somos, sino que lo que somos muera. Gurdjieff dirá que “Lo que importa es reestablecer lo que ha sido perdido, no adquirir nada nuevo. Este es el propósito del desarrollo. Hasta que un hombre no se desnude a sí mismo, no podrá ver”.

La información de esta entrada sobre las enseñanzas de la conciencia de Gurdjieff fue obtenida de un blog que recomendamos ampliamente:

http://trascendentalism.blogspot.com.es/, ya que tanto la concreción del tema como la naturalidad al explicarlo, nos han encantado. 
Gracias hombre omegófilo por tu saber.