jueves, 19 de septiembre de 2013

La Ley del Karma o Ley de Causa y Efecto

En la entrada de hoy hablaremos de:


"La Ley del Karma o Causa y Efecto"


El "karma" es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera.

Sócrates se refirió a ella como a la “Ley de la Causa y el Efecto”. Newton la denominó la “Ley de la acción y la reacción”. La Biblia nos advierte: "Cosecharás lo que hayas sembrado". Emerson la llamó la "Ley de la compensación" y al referirse a ella decía: "Todo acto crea su propia recompensa, todo crimen es castigado y toda virtud es premiada". Él afirmaba que hay una causa, para todo efecto.

Vivimos en un Universo regido por leyes, y una de las leyes más importantes de la física es la que establece que:

Para cada causa hay un efecto, y para cada acción hay una reacción o efecto correspondiente.



Todos nosotros nos encargamos de producir acciones o causas diariamente. Nuestro medio simplemente nos devuelve el efecto correspondiente. Todo lo que sucede en nuestra vida, sucede por una razón, sepamos o no, cuál es.

Si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.



El karma es el destino del que cada hombre es protagonista a través de sus acciones. Una acción buena o positiva produce frutos buenos, y una acción mala o negativa comporta malos frutos. Es la ley de acción y reacción. Ahora bien, no existe en este mundo una acción absolutamente buena o absolutamente mala. Todas las acciones llevan una carga positiva y una negativa. Decimos que es buena cuando su carga positiva es superior a la negativa y viceversa. Del mismo modo, no existe una conducta cuyas acciones sean todas buenas ni otra que sean todas malas. En términos generales, se considera buena una conducta que acumula más acciones positivas que negativas. Por eso, en la vida de todo hombre hay placer y dolor en distintas medidas. Siempre en relación directa a la calidad de sus acciones pasadas.

Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado. Desafortunadamente, muchos de nosotros escogemos inconscientemente, y por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de opciones; sin embargo, lo estamos.

En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posibilidades, donde tenemos acceso a un número infinito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor manera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisio­nes que tomamos en todo momento.

Si insultamos a alguien, lo más seguro es que esa persona optara por ofenderse. Si en cambio, le hacemos un cumplido, lo más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero pense­mos en esto: siempre hay una opción. Podríamos insultarla, y esa persona podría optar por no ofen­derse. Podríamos hacerle un cumplido, y ella podría optar por no permitir que el elogio la afectara.

En otras palabras, la mayoría de nosotros - aunque escogedores de opciones infinitas - nos hemos convertido en repetidores de reflejos condicionados, los cuales son constantemente provoca­dos por las personas y las circunstancias, en for­ma de comportamientos predecibles.

La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente.

Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las perso­nas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas opciones incons­cientemente.



Existe una conexión definida entre lo que estamos haciendo ahora y lo que ocurrirá en el futuro. También existe esta relación íntima entre lo que nos ocurre ahora y nuestras acciones pasadas. Nuestro presente está determinado por nuestro pasado. De nuestra actuación presente depende nuestro futuro.

En palabras del maestro Sivananda: "Eres descendiente de tu pasado y progenitor de tu futuro". Digamos que las circunstancias que van a rodear nuestra vida actual son ya inamovibles, puesto que son consecuencia de cuanto hicimos con anterioridad. Es como una flecha que se ha lanzado y ya no hay modo de detener. Sin embargo, la actitud o la manera con que afrontamos esas circunstancias van a influir decisivamente en la formación de nuestro futuro.

Y aquí es en donde queremos poner un punto de atención, ¿Que futuro quieres para ti? ¿Que puedes hacer para utilizar al máximo la ley Kármica?
Hay dos posibilidades de las que hablaremos a continuación,  una gestionar nuestros pensamientos, que son los que provocan nuestras acciones. Y dos, que ya hemos hablado un poco anteriormente, tomar elecciones correctas.

1. NUESTROS DESEOS, PENSAMIENTOS Y ACCIONES


No puede hablarse de predestinación, porque es el esfuerzo de hoy el que determina el destino de mañana. Deseo, pensamiento y acción van siempre unidos. Es el deseo quien da lugar al pensamiento y éste a la acción. Repitiendo una acción determinada se adquiere un hábito. Cultivando hábitos se desarrolla un carácter y es el carácter, en definitiva, el que determina el destino del hombre. El destino es, por tanto, una creación propia. Lo hemos creado por medio de pensamientos y acciones.

Las causas de nuestras acciones son nuestros pensamientos y la causa de éstos, nuestros deseos. Surge en la mente un deseo de posesión de un objeto. Inmediatamente se piensa cómo conseguirlo y, acto seguido, se actúa para obtenerlo. El deseo, el pensamiento y la acción son los tres hilos que, entrelazados, trenzan la cuerda del karma. Pero, ¿cuál es la causa de nuestros deseos? Aquí es donde se cierra el ciclo porque nuestros deseos sutiles dependen de las experiencias agradables recogidas como fruto de nuestras acciones. El deseo produce la acción y la acción produce el deseo. Me apetece un chocolate, me lo como y la experiencia deliciosa de saborearlo queda grabada en mi mente y surge más adelante en forma de deseo por otro chocolate.

¿No es este ciclo de deseos y acciones un círculo vicioso en el que la voluntad del hombre parece quedar al margen? Sólo en apariencia, porque el deseo, antes de ser acción, ha de ser pensamiento y ahí es donde la voluntad del hombre puede manipular, controlar y seleccionar. Los deseos no determinan absolutamente la acción, sino que crea una tendencia. De aquí la importancia que el Yoga concede al pensamiento positivo.

Utiliza la concentración en lo positivo como modo de estimular una actuación positiva que, a su vez, procure un karma positivo.

Es muy complejo establecer claramente las conexiones entre la ley del karma y nuestros procesos psicológicos, pero la ley existe y eso es preciso aceptarlo. Por otra parte, es ciertamente confortante constatar que nuestro destino está enteramente en nuestras manos y no somos guiñoles movidos caprichosamente por fuerzas misteriosas y desconocidas.


2. NUESTRAS ELECCIONES


Para elegir concientemente, debemos detenemos un momento y observar las opciones que escogemos en el instante mismo en que las escogemos, ese simple acto de convertirnos en espectadores nos permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la conciencia.

Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de realidad conscien­tes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que encierran un proceso de evolución tanto para noso­tros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer.

Este procedimiento de elección y de observación conscientes da mucho poder.

Cuando hagamos una elección - cualquier elección  hagámonos dos preguntas.

1. "¿Cuáles son las consecuencias de escoger este camino?".

El corazón nos lo dirá inmediata­mente.

2. "¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y para quie­nes me rodean?".
Si la respuesta es afirmativa, si­gamos adelante.
Si la respuesta es negativa, si se trata de una opción que nos traerá sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean, abstengámonos de escoger ese camino. Es así de sencillo.

Solamente hay una opción, entre el número infinito de opciones que se presentan a cada se­gundo, que puede traernos felicidad a nosotros y a quienes nos rodean.

Elegir esta opción produce una forma de comportamiento que se conoce con el nombre de acción correcta espontánea.

La ac­ción correcta espontánea es la acción apropiada que se toma en el momento oportuno. Es la res­puesta correcta a cada situación, en el momento en que se presenta. Es la acción que nos nutre, a nosotros y a todas las demás personas a quienes ella afecta.

El universo tiene un mecanismo muy intere­sante para ayudarnos a tomar decisiones correc­tas espontáneamente. Este mecanismo se relacio­na con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar.

En el ins­tante mismo en que estemos tomando una deci­sión conscientemente, prestemos atención a nues­tro cuerpo y preguntémosle: "¿Qué pasa si opto por esto?" Si el cuerpo nos envía un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, entonces no es el camino apropiado. Algunas personas sienten el mensaje de bien­estar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor parte de la gente lo siente en el área del corazón.

Prestemos conscientemente atención al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Des­pués esperemos la respuesta - una respuesta físi­ca en forma de sensación. Podrá estar en el nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nues­tro cuerpo.

Sólo el corazón sabe la respuesta correcta. La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensible y sentimental, pero no es así. El cora­zón es intuitivo; es holístico, es contextual. No se orienta a perder o a ganar. Tie­ne acceso al computador cósmico - el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y del infinito poder organizador - y toma todo en cuenta.

En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento racional.


Ahora bien, hablemos un poco desde la visión hinduista de la Ley del Karma. Esta sostiene la reencarnación apoyándose en el proceso energético de la ley kármica. Desde esta visión, este mecanismo va reproduciéndose mediante sucesivas vidas en la Tierra, las cuales tienen por única misión purificar el alma del ser hasta alcanzar la perfección total.

A lo largo de las distintas reencarnaciones vamos progresando en el nivel de conciencia hasta llegar a alcanzar la perfección total. Así el proceso kármico reencarnacionista se basa en las leyes inmutables del nacimiento y de la muerte, aunque una vez encarnado dentro de un cuerpo físico el ser tiene la posibilidad de moverse libremente según los impulsos que su libre albedrío le dictamine.


A pesar de la prefiguración de la existencia el ser humano posee la facultad de la libertad individual, que le permite elegir voluntariamente el desarrollo de su vida, llenándola de experiencias positivas y negativas. El comportamiento del hombre puede eliminar su viejo karma y crear uno nuevo de valor más elevado en la escala de nuestra purificación espiritual.

Cuando se comprende el objetivo de la reencarnación se toma conciencia de que el proceso evolutivo tiene como objetivo igualar la existencia de todas las criaturas. Se comprende que nada hay al azar en la vida y que todo tiene su mecanismo compensatorio; ello proporciona calma de espíritu. Así se hace comprensible por qué unos seres están bien formados y otros no, por qué unos están sanos y otros enfermos, y por qué unos son ricos y otros pobres espiritual o materialmente.

Desde esta visión pueden distinguirse tres tipos de karma:
Sanchita, o el total de semillas acumuladas a lo largo de todas nuestras existencias. 
Prarabdha, o el puñado de semillas que utilizamos en una vida y que conforman las circunstancias que concurrirán en esa vida. Y,
Kriyamana, o el fruto que obtenemos de las acciones de esta vida y que pasa inmediatamente a engrosar nuestro almacén, Sanchita, y por lo tanto, a influir en nuestro futuro.


Ahora bien, ¿Qué pasa con el karma del pasado y cómo influye en nosotros ahora? A este respecto, se pueden hacer tres cosas:

1. PAGAR LAS DEUDAS KÁRMICAS

La mayoría de la gente escoge hacer esto inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser nuestra opción. Al­gunas veces, el pago de esas deudas implica mu­cho sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un intercambio constante, de un lado a otro, de energía.

2. TRANSFORMAR EL KARMA EN UNA EXPERIENCIA MÁS DESEABLE

Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda kármica: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?". Haciendo esto, buscamos el principio de la oportunidad, para luego unirlo con nuestro Dharma, o sea el propósito de nuestra vida, del cual hablaremos en la séptima ley espiritual del éxito. Esto nos permite convertir el karma en una nue­va experiencia.

Si, por ejemplo, nos fracturamos una pierna practicando un deporte, podríamos preguntarnos:

"¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme?".

Quizás el mensaje sea que necesitamos to­mar las cosas con calma y tener más cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez. Y si nuestro dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al preguntarnos: "¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?", podríamos optar por compartir lo que aprendimos escribiendo un libro sobre la manera de practicar deportes sin ries­go; o podríamos diseñar un zapato especial o un protector para las piernas que evitara ese tipo de lesión.

De este modo, a la vez que pagamos nuestra deuda kármica, habremos convertido la adversi­dad en un beneficio que puede traernos riqueza y realización. En eso consiste la transformación del karma en una experiencia positiva. En realidad, no nos hemos librado de nuestro karma, pero podemos aprovechar un episodio kármico para crear un karma nuevo y positivo a partir de él.

3. TRASCENDER EL KARMA

Trascender el karma es indepen­dizarse de él. La manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas man­chas, y si se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está, se hace mediante la práctica de la meditación.


Todo lo que te ha ocurrido en tu vida hasta este momento es el resultado de haber tomado o haber dejado de tomar ciertas decisiones.

Tenemos la capacidad de construir nuestra vida, de ser arquitectos de nuestro destino, esta en nuestras manos, depende de los pensamientos y de las decisiones que tomemos cada día.

Recuerda que si continuas haciendo lo que siempre has hecho, seguirás obteniendo los mismos resultados que has obtenido hasta ahora.