viernes, 23 de septiembre de 2016

El séptimo chakra

Hola muy buen día,

Seguimos con la serie de entradas sobre cada los chakras, aprovechando que comenzaremos nuevamente en octubre la séptima edición del Taller de chakras, que dirige con mucho amor y dedicación nuestro compañero Pierre Wappenhans.

Tendremos la próxima charla de presentación, en donde Pierre además nos hablará sobre cada uno de los chakras:


Viernes 11 de noviembre 2016 a las 19.30 h.
Confírmanos tu asistencia. 

ENTRADA LIBRE

SÉPTIMO CHAKRA



NOMBRE: Sahasrara.

LOCALIZACIÓN: En la coronilla, el punto más alto de la cabeza

CORRESPONDENCIAS ANATÓMICAS: El cerebro. La glándula pituitaria. El ADN.

ELEMENTO: Espíritu, luz.

COLOR: Violeta y dorado.

PLANETA: Urano.

SONIDO: “N” nasal  (La “Ng” inglesa.) AUM.

MINERAL: Amatista, Cuarzo transparente, diamante.

ACEITE ESENCIAL: Loto.

ARCÁNGEL: Metatrón y Zadquiel

MAESTRO ASCENDIDO: Quan Yin.


ARQUETIPO FUNCIONAL:

El Maestro (de la vida.) Ha trascendido su ego y vive la vida con suma sencillez. Ha integrado perfectamente Cielo y Tierra, el mundo de las formas y la dimensión espiritual Es consciente de que la vida es sagrada y espiritual y cada acción y palabra lo son. “Vive la vida ordinaria de un modo extraordinario.” Es capaz de transmitirla a los demás, ya no tanto a través de la expresión (5º chakra), sino desde su simple presencia, estar y ejemplo.


ARQUETIPO DISFUNCIONAL:

El Egotista. Vive una falsa espiritualidad, una espiritualidad que separa y que no une, unida a un falso sentimiento de superioridad. Suele mirar a los que considera “menos espirituales” con menosprecio. Tiene un gran “ego espiritual.” Muy a menudo utiliza esta falsa espiritualidad como una vía de escape de la realidad.


FUNCIÓN PRINCIPAL:
Este chakra nos vincula con la totalidad. Nos abre a la consciencia de formar parte de un todo y nos comunica con la dimensión divina que nos trasciende.


LECCIÓN EVOLUTIVA:
Trascender del ego, abrirse a la consciencia de unidad.

SINTÓMAS FÍSICOS O ENFERMEDADES:
Afecciones del sistema nervioso central. Enfermedades genéticas.

SÍNTOMAS O ENFERMEDADES PSÍQUICAS:
Psicosis, paranoias (megalomanía.) Depresión, alienación, confusión mental.

ASPECTO YIN: agradecer.

ASPECTO YANG: invocar


AFIRMACIONES:

  • “Soy uno con el todo”;
  • “Cada momento de mi vida, cada acto, cada encuentro son sagrados.”
  • “Mi ser sintoniza con el Ser universal”
  • “Yo… soy siempre bendecido por la existencia.
  • “Yo…. me libero de todos mis pensamientos de separación. Soy uno con la Vida”.
  • “Es mi voluntad hacer Tu Voluntad.”


SAHASRARA, LA PUERTA DEL CIELO.

Este chakra nos abre a la consciencia de formar parte de un todo y nos comunica con la dimensión divina que nos trasciende. La energía divina es una energía que vibra a una frecuencia muy alta, podríamos decir infinita que nos puede atravesar si nos hacemos permeables a ella. Si creamos un vacío en nuestro interior para  que ella pueda entrar. La energía divina solo puede penetrarnos cuando estamos limpios, y vacíos. Cuando dejamos de movernos desde el ego y nos entregamos a ella. El camino del séptimo chakra es el último eslabón en la evolución a través de los chakras ya que es el chakra de la entrega total a la Voluntad Divina, a la renuncia de la voluntad del ego, a la total confianza en esta fuerza superior infinitamente inteligente que nos mueve, llamada Dios, Allah, el Ser,  la Esencia….

Llegamos a la cumbre de nuestro viaje interior. El séptimo chakra es la “puerta del cielo”. Es el que nos abre al Universo, al todo. Una imagen del séptimo chakra es un loto de mil pétalos. Los pétalos simbolizan la apertura a la Luz al igual que a las flores les permiten recibir la energía del sol.
Otra manera de llamarlo es “el cordón umbilical que nos une con el Universo /la Fuente/ la Esencia / el Ser / Dios.
Llegar al séptimo chakra es llegar a la fuente, a la esencia, al cristal que todos somos. Ya no hay lucha. Ya no hay separación.
Es como si la consciencia “saltase” hacia otra dimensión: me sigo sintiendo yo mismo, sigo sintiendo mis límites como ser individual que soy, a la vez que se despierta en mí una consciencia de todo, de unidad. Cuando paralelamente hemos abierto nuestro cuarto chakra, el amor que hemos despertado en él toma su máxima dimensión: se vuelve compasión, es decir, sentir que el otro y yo somos uno.

Desaparece el egoísmo que separa, que aísla. Nos rendimos a una fuerza mayor, una energía más grande, a una inteligencia superior, que siempre ha estado obrando y lo sigue haciendo en nosotros. Cuando el ser humano vive solo desde su ego,  a menudo pretende o intenta ser más que esta inteligencia y amor infinitos. En el momento en que esto sucede, empieza la lucha: competencia, guerras…. El ser humano va alcanzando metas que lo mantiene en la ilusión de la conquista de la felicidad. Pero todas estas metas son vanas, son efímeras. Llegado a este punto, se pregunta: ¿Para qué tanta lucha, tanta ostentación? Nace el deseo de soltar. Soltar definitivamente al personaje limitado, la coraza, el invento que hemos creado de nosotros mismos. Es el mayor paso evolutivo, y tal vez el más difícil.

En nuestro camino ascendente por los chakras hemos ido depurando cuerpo, emociones y mente. El último paso es el más sencillo a la vez que el más difícil. Sencillo porque es silencioso, no hace ruido, ni requiere grandes aspavientos. El paso se asemeja a lanzarse al vacío, Para ello solo se requiere UN paso!... Es el paso de SOLTAR. RENDIRSE, del máximo desapego.

La lección evolutiva, el salto de consciencia que supone la llegada a este chakra es la de la muerte, no es (necesariamente) la muerte física, pero para nacer a esta nueva consciencia de unidad, de sentir que somos el todo, que el universo respira a través de nosotros, ALGO EN NOSOTROS HA DE MORIR. Si vivimos nuestro séptimo chakra con toda nuestra entrega, entramos fácilmente en una sensación de agonía, vacío, muerte. A veces este estado se vive con dificultad, es un estado muy profundo. Es la llamada “noche oscura del alma”. En todo proceso evolutivo profundo, llegamos a ella. Nada tiene aparentemente sentido, hay como una indiferencia hacia todo. Cuando llegamos a este estadio podríamos pensar que estamos en un estado de depresión o algo así. No se trata de esto en absoluto. Es un estado pasajero que hay que vivir. Todo parece ilusorio, todo lo que nos había parecido tan importante hasta ahora adolece de sentido. Es un estado parecido a quién se despide de este mundo. Hay incluso personas que llegadas a este estadio se piensan que la muerte física está cerca. Lo que realmente está sucediendo es una muerte interior de una forma de vida. Un estado de latencia. El gusano que teje su nido para convertirse en mariposa. Sabe que cuando será mariposa, ya no será gusano.  Y aún así, su esencia sigue siendo la misma, manifestada con un grado de libertad mayor.
Hay que personas que han vivido este despertar de la consciencia a través de una experiencia real cercana a la muerte. Muchos lo vivieron como un viaje totalmente lúcido a otra dimensión así como su decisión de volver a la vida terrenal. Después de estas experiencias, sus vidas, en la mayoría de los casos han cambiado. Se vive con otro estado de consciencia.

El séptimo chakra, la puerta al cielo, según muchas personas capaces de ver la energía, es el lugar del cuerpo a través del cual nuestra alma abandona nuestro cuerpo físico en el momento de la muerte real. Nuestra alma, percibida como una bola de luz, asciende por el canal central, y se libera por el chakra corona. La experiencia de apertura del séptimo chakra tiene similitudes con el proceso de la muerte física, solo que se trata de una muerte simbólica. No nos desprendemos de nuestro cuerpo físico, pero sí nos desprendemos de toda identificación con él, y con todos sus atributos que nos han hecho sentir “yo” hasta ahora: sexo, profesión, aficiones, rasgos de carácter, etc.
  
Unirnos con el Todo, fusionarnos con él… es tan sencillo y sin embargo, es el paso más difícil de todos. Como cada chakra, su lección evolutiva se vive a través de un profundo anhelo. El anhelo vinculado con este chakra, es el de fusionarnos, de trascender el ego y las limitaciones. En nuestro viaje interior hemos vivido cada chakra /peldaño evolutivo a partir de unos profundos anhelos: el enraizamiento en nuestro cuerpo físico; el placer y el goce de vivir; el poder personal; el amor;  la comunicación y de la expresión;  la visión real y el aprendizaje. Y llegados a esta etapa evolutiva, experimentamos realmente este profundo anhelo de fusionarnos en un todo mayor, en esta gran unidad que a todo interpenetra. Es un nacimiento a una dimensión infinita. Solo que para nacer a una gran dimensión, algo de nosotros ha de morir a la dimensión pequeña. Y allí radica nuestro gran miedo. Miedo a desaparecer, a ser aniquilado. Este miedo es inherente a este chakra. El miedo siempre es a la muerte del EGO. Del personaje al que siempre nos hemos identificado. Una vez abierto armónicamente el chakra corona, seguiremos con nuestras emociones humanas. Pero algo en su percepción habrá cambiado. Nos hemos despegado del ego, sabemos que lo necesitamos para vivir esta dimensión física, pero que no somos él. Hemos nacido a un nuevo estado de consciencia. En este nacimiento viene implícita la muerte de lo pequeño, de la ilusión.



El séptimo chakra corresponde a lo que en la tradición yóguica se llama SAMADHI.


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